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Todo lo que cambia al nacer como madres

Los medios de comunicación, al referirse al postparto y la llegada de un hijo, suelen pintarnos escenas que distan mucho de ser reales: una mujer radiante y sonriente, muy en forma, maquillada y descansada con su precioso bebe durmiendo placidamente en brazos, su pareja abrazándolos en un extasis de felicidad y muy descansado él también y mariposas que vuelan con un arco iris de fondo- lo cual hace que luego nos sintamos culpables o bichos raros por no estar experimentando ese extasis y serenidad esperados.

En esta ocasión quiero compartirles un texto maravilloso, profundo y realista de la autora Vivian Watson acerca de todo lo que implica convertirnos en madres, con el que me siento muy identificada.

A veces es muy duro convertirse en madre.

Sí: vale la pena.

Sí: es la experiencia más poderosa que puede llegar a vivir una

mujer.

Sí: nada te marca tanto como el momento en que sostienes por fin en

brazos al hijo que acaba de salir de ti, deliciosamente sucio, húmedo, caliente, y te mira

a los ojos como diciendo: te conozco.

Pero es duro.

Y no sólo se trata de la falta de sueño, de las secuelas del parto, de los cuidados que

demanda un recién nacido (¡tan pequeñito y tan exigente!), ni siquiera del cóctel de

hormonas que te deja turuleta hasta varias semanas

después. Tampoco la falta de experiencia y la

incertidumbre acerca de si lo estás haciendo bien o no,

ni las propias dudas y comentarios de familiares

bienintencionados pero que no hacen sino disparar tu

propia inseguridad, tu miedo.

Es bastante más que eso. Es la ruptura total y

repentina con tu propia identidad, con aquello que

hasta el momento de parir te había definido: tus proyectos, tus ambiciones, tu trabajo,

tus amigos, tu cuerpo, y todo aquello que llamabas tuyo. Tu tiempo. Tu vida.

Es mirarte al espejo mientras tu criaturita está prendada a tu pecho, y no reconocerte.

¿En qué momento te convertiste en esta mujer ojerosa que no tiene un minuto ni para

darse una ducha? ¿Quién es ella? ¿Quién eres ahora?

Sigues siendo tú, sólo que una versión más grande de ti misma. Pero al principio no lo

sabes. Al principio no te encuentras. No hay nada que logre vincular esta nueva vida tuya

de cambios de pañal, tetadas a deshoras y canciones de cuna, con aquella otra vida que

parece tan remota, aquella en la que ibas y venías a tu antojo, disponías de tu tiempo y te

pertenecías.

Porque, claro, todo tu ser es ahora para otro. Y ese otro se está alimentando de ti, no

sólo de tu leche, sino también de tus caricias, de tus canciones, de tus palabras, de tu

calor. Y el tiempo pasa, desde luego que pasa. Llegará el momento en el que, sin darte

cuenta casi, las tomas se acorten y las horas de sueño nocturno se alarguen. Tu bebé

aprenderá a sostener la cabeza, luego a darse la vuelta, luego a gatear. El día menos

pensado te regalará una sonrisa y pensarás que todo el esfuerzo ha sido poco. Un día te

dirá mamá. Lo verás correr en el parque, subirse solo al tobogán, jugar con otros niños,

garabatear las primeras letras que te mostrará orgulloso. Y por nada del mundo querrás

cambiarte por esa otra que eras, y que tan poco sabía acerca del amor.

Vivian Watson

 

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Glenda

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